Hay una pregunta que aparece tarde o temprano durante la infancia: “¿Qué quieres ser cuando seas grande?”

Las respuestas pueden cambiar muchas veces. Una niña puede imaginarse científica, futbolista, médica, artista, ingeniera, militar, empresaria o descubrir dentro de algunos años algo que hoy ni siquiera conoce.

Lo importante no debería ser qué responda, sino que pueda hacerlo sin escuchar que aquello que imagina “no es para niñas”.

Desde esa mirada, Citlali Hernández ha puesto atención en una idea sencilla: las niñas necesitan crecer sabiendo que su voz importa y que su futuro no tiene que estar determinado por los límites que otras personas quieran imponerles.

Detrás de cada sueño también debe existir la posibilidad de intentarlo. Tener acceso a educación, sentirse segura, jugar, aprender, equivocarse, descubrir sus capacidades y contar con personas que acompañen su crecimiento puede hacer una enorme diferencia.

Porque cuando una niña dice por primera vez “cuando sea grande quiero ser…”, quizá no necesita que alguien le explique qué tan difícil será conseguirlo. Necesita saber que tiene derecho a intentarlo.

Acompañar a una niña no significa escoger su futuro por ella. Significa darle herramientas, confianza y oportunidades para que algún día pueda elegirlo por sí misma.

Que ser niña nunca sea un límite. Que puedan crecer, descubrir, equivocarse, volver a intentarlo y, sobre todo, soñar con libertad.