Hay momentos en los que la vida cambia por completo. Un diagnóstico inesperado, preguntas sin respuesta y el miedo de no saber qué vendrá después. Evangelina Moreno conoce esa sensación porque ella misma tuvo que enfrentar una de las batallas más difíciles de su vida: el cáncer.

Su historia es la de una mujer que, más allá de su trayectoria pública, también ha conocido la vulnerabilidad, la incertidumbre y la necesidad de encontrar fuerzas cuando parece que todo se vuelve complicado.

Durante su proceso, el amor de su familia, el acompañamiento médico y la detección oportuna fueron fundamentales para salir adelante. Hoy, con la tranquilidad de haber superado aquella etapa, puede compartir con orgullo una frase que guarda un significado especial: “Soy sobreviviente”.

En octubre, un mes que se viste de rosa para recordar la importancia de la prevención y la detección temprana del cáncer de mama, su testimonio adquiere un sentido especial, aunque su experiencia personal no se limita a una fecha ni a una campaña.

Evangelina sabe que detrás de cada diagnóstico hay familias que también sienten miedo, personas que deben reorganizar sus vidas y pacientes que necesitan mucho más que medicamentos: requieren comprensión, compañía y la certeza de que no están solos.

Esa experiencia personal también ha fortalecido su compromiso de impulsar políticas de salud que garanticen prevención, tratamientos dignos y acompañamiento integral para quienes atraviesan esta enfermedad.

Porque después del cáncer también hay cumpleaños por celebrar, abrazos por compartir, sueños por cumplir y momentos cotidianos que adquieren un valor diferente.

“La vida después del cáncer sí existe, y vale la pena luchar por ella”, expresó Evangelina Moreno.

Su historia es un recordatorio de que la esperanza puede mantenerse incluso en los momentos más difíciles y de que cada persona que enfrenta el cáncer merece la oportunidad de recibir atención, sentirse acompañada y seguir construyendo su futuro.