La investigación por el ataque contra la Escuela Secundaria número 13 de Torreón no se limita a reconstruir lo ocurrido dentro del plantel. Las autoridades también buscan establecer qué influencia tuvieron los contenidos violentos consumidos en internet por los dos jóvenes señalados como responsables.

El fiscal de Coahuila, Federico Fernández Montañez, informó que las primeras investigaciones no encontraron elementos que indiquen que Carlos “N” y David “N”, hermanos de 18 años, estuvieran bajo los efectos de drogas o alcohol al momento de la agresión.

En cambio, según la Fiscalía, las pertenencias y primeras declaraciones de los jóvenes contienen referencias a atacantes de otros países y a comunidades digitales relacionadas con este tipo de violencia.

La autoridad sostiene que los hermanos habrían conocido a esas figuras mediante foros y redes sociales y que buscaban identificarse con grupos que convierten a responsables de ataques masivos en personajes de culto. El alcance real de esa influencia forma parte de la investigación y no constituye por sí solo una explicación definitiva del ataque.

El fiscal también ha señalado que los jóvenes procedían de un contexto familiar complejo. Las autoridades deberán determinar qué combinación de factores personales, familiares y digitales pudo intervenir antes de la agresión.

El señalamiento sobre los contenidos en internet adquiere relevancia porque México ya ha registrado otros episodios en los que investigaciones sobre violencia escolar han puesto la atención en comunidades digitales que difunden discursos de odio o exaltan agresiones anteriores.

En Torreón, el ataque dejó muerta a la subdirectora Nedi Edit Nevárez y cuatro personas heridas. Los dos hermanos fueron vinculados a proceso por homicidio calificado y tentativa de homicidio y permanecerán en prisión preventiva mientras avanza la investigación.

Más allá del expediente penal, el caso deja una pregunta que ahora también deberán responder las autoridades: cómo detectar cuando la fascinación por la violencia digital deja de ser consumo de contenido y comienza a convertirse en una señal concreta de riesgo.