La transformación de Meta hacia un modelo basado en inteligencia artificial provocó una rebelión interna entre empleados que comenzaron a temer que su propio trabajo estuviera siendo utilizado para desarrollar las herramientas destinadas a sustituirlos. La tensión aumentó cuando la compañía instaló software en dispositivos de trabajadores estadounidenses para registrar movimientos del mouse y pulsaciones de teclado, información que serviría para enseñar a agentes de IA cómo interactúan los humanos con las computadoras. La medida coincidió con el denominado “Project OT”, una reorganización que exploró reducciones de personal y equipos mucho más pequeños apoyados por inteligencia artificial. El malestar comenzó a reflejarse en los canales internos de Meta, donde empleados utilizaron mensajes, memes y protestas para cuestionar tanto los despidos como la falta de claridad sobre el futuro de sus puestos. El indicador interno de sentimiento favorable de los trabajadores cayó de 74% a 55%, mientras ganaron fuerza los esfuerzos de organización laboral. La presión terminó acompañada de cambios. Meta pausó el programa de seguimiento del mouse y teclado, permitió que algunos empleados reasignados regresaran a sus anteriores equipos y canceló la segunda gran etapa de reestructuración prevista para noviembre. Zuckerberg reconoció posteriormente que la tecnología de agentes de IA no había avanzado con la rapidez que esperaba. La experiencia convirtió a Meta en uno de los ejemplos más visibles de una nueva tensión laboral: qué ocurre cuando los trabajadores encargados de construir la inteligencia artificial comienzan a preguntarse si también están construyendo a sus reemplazos. Navegación de entradas ChatGPT alerta sobre amenazas y frustran presunto plan de un hombre para matar a su exnovia