El nuevo récord de temperatura de los océanos no solamente representa una cifra histórica: sus efectos pueden extenderse desde los arrecifes y las pesquerías hasta las tormentas y las comunidades costeras. La superficie marina alcanzó una temperatura media de 21.1 grados Celsius los días 21 y 22 de agosto, el nivel más alto desde que existen registros instrumentales, según datos de Copernicus. Las temperaturas elevadas favorecen las olas de calor marinas, que pueden provocar blanqueamiento de corales, alterar cadenas alimentarias y modificar la distribución de numerosas especies. El impacto también alcanza a la pesca. Durante episodios de El Niño, el desplazamiento de corrientes frías y ricas en nutrientes puede afectar ecosistemas productivos como el de la anchoveta peruana. Un océano más caliente también proporciona mayor humedad y energía a la atmósfera, condiciones que pueden favorecer precipitaciones más intensas y aumentar la capacidad de determinadas tormentas tropicales para intensificarse. A esto se suma la expansión térmica del agua, uno de los factores que contribuyen al aumento del nivel del mar y, con ello, al riesgo de inundaciones en regiones costeras. La preocupación aumenta porque El Niño todavía no alcanza su máxima intensidad. Su pico está previsto entre noviembre de 2026 y enero de 2027, dejando abierta la posibilidad de nuevos registros de temperatura en los próximos meses.