Detrás de expedientes, sentencias y recursos judiciales existe otra historia: Kenia Hernández lleva seis años separada de sus hijos. La defensora indígena amuzga fue detenida en octubre de 2020. Desde entonces ha pasado por distintas cárceles, incluido el Cefereso 16, un penal federal de máxima seguridad en Morelos. Organizaciones internacionales sostienen que durante su encarcelamiento las dificultades económicas y las distancias han limitado la comunicación y las visitas con sus hijos. Uno de los episodios más difíciles ocurrió tras la muerte de su madre, quien cuidaba a los menores desde la detención de Hernández. Según las organizaciones que acompañan el caso, a la activista no se le permitió acudir al funeral. Mientras tanto, su situación jurídica también cambió. En abril quedaron cerradas las ocho causas federales que enfrentaba, aunque dos sentencias del Estado de México continúan manteniéndola privada de la libertad. Diversas organizaciones internacionales consideran que el caso representa una criminalización de su actividad como defensora y han vuelto a exigir su liberación al cumplirse seis años de su detención. Las condenas locales siguen vigentes y los recursos judiciales deberán determinar su futuro legal. Para Kenia son seis años en prisión. Para sus hijos, también son seis años creciendo lejos de su madre. Navegación de entradas Tener tubería ya no basta: sólo 54.7% está satisfecho con la constancia del agua en México