El problema del agua en México va mucho más allá de contar o no con una tubería conectada a la vivienda.

Aunque la mayoría de la población dispone de alguna forma de acceso al agua entubada, los datos muestran importantes deficiencias en la continuidad y calidad del servicio.

Según cifras retomadas de la Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental del INEGI, sólo 54.7% de la población se declara satisfecha con la constancia del suministro.

En entidades como Guerrero, la proporción baja hasta 20%; en Baja California Sur alcanza 30.5% y en Oaxaca se ubica en 32.1%.

Otro indicador revela una brecha todavía mayor: únicamente 19% de la población nacional considera que el agua de la llave puede beberse sin temor a enfermarse.

En Tabasco esa confianza cae hasta 3.5% y en Guerrero a 4.3%.

Los números dibujan una problemática con distintas dimensiones: hogares sin conexión, familias que reciben agua únicamente en patios o terrenos y usuarios que, pese a contar con tuberías, enfrentan un servicio irregular o desconfían de su calidad.

El desafío para México no es únicamente ampliar la cobertura, sino lograr que abrir la llave signifique contar con agua suficiente, constante y segura.