Las elecciones intermedias cambiaron el equilibrio político en Estados Unidos: el Partido Demócrata consiguió el control de la Cámara de Representantes y del Senado, arrebatando a los republicanos las mayorías que mantenían en el Congreso.

Los resultados representan un revés para el presidente Donald Trump, quien había participado activamente en la campaña y respaldado personalmente a varios candidatos republicanos.

Los demócratas consiguieron avances incluso en territorios tradicionalmente republicanos, además de recuperar más de dos decenas de escaños en la Cámara de Representantes.

Las encuestas de salida reflejaron entre las principales preocupaciones de los electores el costo de vida, la guerra con Irán y el rumbo político del país. Siete de cada diez votantes consultados dijeron además querer mayores contrapesos del Congreso frente al presidente.

El nuevo escenario tendrá consecuencias directas para la Casa Blanca. A partir de enero, el Senado podrá frenar nombramientos presidenciales, mientras ambas cámaras tendrán capacidad para impulsar investigaciones y exigir negociaciones para aprobar legislación.

Trump aceptó los resultados y aseguró estar dispuesto a trabajar con los demócratas.

Con la nueva composición del Congreso, los últimos dos años de su presidencia estarán marcados por un gobierno dividido y mayores contrapesos desde el Capitolio.